
Me gusta la figura anciana y levemente anarquista de Bertrand Russell. De hecho, me gusta mucho más que sus matemáticas. El joven que pasó su juventud pensando cómo suicidarse, y únicamente su interés por saber más y más matemáticas le impidió consumar la acción. No obstante, las cosas debieron ir cambiando, pues murió en 1970 tras 98 años de una vida plena. Había nacido en Ravenscroft, Inglaterra, en 1872. Parece ser que fue educado en un ambiente asfixiante, por tutores particulares. Esto le propició una enorme cultura de base, conocimiento de muchos idiomas...y muy poca alegría de vivir.
Su obra cumbre es "Principia Mathematica", coescrito con su gran amigo el Dr. A. N. Whitehead y publicado en 1910 y 1913.
Para Russell, las matemáticas y la lógica formal son una misma cosa. Esto supone afirmar que “ el total de las matemáticas puras puede ser rígidamente deducido de un pequeño número de axiomas lógicos”. De hecho, supone bastante más: entre otras cosas que la matemática se reduce a una manipulación de símbolos de acuerdo a unas estrictas reglas sintácticas, pero desprovistos de semántica. A la luz de esta idea se entiende su frase: “La matemática es la materia en la que no sabemos de qué estamos hablando, ni si lo que decimos es verdad”.
A uno se le ocurre que con tales presupuestos, y siendo matemático de primera fila con capacidad ingente de trabajo, la idea del suicidio no es una mala salida...
Sin embargo, se las arregló para encontrar la razón de vivir, en la matemática y pienso que sobre todo fuera de ella.
En el año de 1918 fue encarcelado por defender a los objetores de conciencia y por sus duros ataques contra el belicismo, una actitud pacifista que mantuvo durante toda su vida.
Fue un innovador en muchos campos; sus novedosas ideas sobre la educación cristalizaron en la fundación de la Beachon Hill School. En 1953, tres años después de recibir el Premio Nobel de Literatura, organizó con Einstein el Movimiento Pugwash, ante la amenaza inminente de una guerra nuclear. Más tarde, la creación del Comité de los 100, en favor de la resistencia no-violenta al armamentismo, lo llevó a la cárcel por segunda vez.
En 1930 escribió “La conquista de la felicidad”, un precioso libro sobre los motivos de ausencia de felicidad en la mayor parte de la población humana, y cómo solucionarlo. Puede ser bajado desde
aquíEscritor prolífico, su último libro fue su propia Autobiografía, publicada entre 1967 y 1969. Russell murió en 1970 en Penrhyndeudraeth, a la edad de 98 años.
Además de sus obras y de sus enseñanzas nos dejó una enorme colección de frases lapidarias, como las siguientes:
"Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar."
"Lo que los hombres realmente quieren no es el conocimiento sino la certidumbre"
"Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas"
"Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer lo posible imposible"