Tio Petros



Este blog es una invitación a dar un paseo por la matemática. Intentaré comentar los aspectos más bellos y si es posible menos tópicos de la misma. En todo caso, es tan sólo un paseo que debe darse como se hace en una soleada tarde de verano: con placer.

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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2006.

02/03/2006

¿Quién puede nombrar el mayor número? (4/8)

Viene de aquí

Los números de Ackermann son bastante grandes, pero no son todavía lo suficientemente grandes. La búsqueda por todavía mayores números nos lleva de vuelta a los formalismos. Después de que Ackermann demostrase que `recursiva primitiva’ no es lo que queremos decir con `computable’, la pregunta todavía permanece: ¿Qué queremos decir con `computable’? En 1936, Alonzo Church y Alan Turing respondieron independientemente esta pregunta. Mientras Church respondió utilizando un formalismo lógico llamado el cálculo lambda, Turing respondió utilizando una máquina de cómputo idealizada (la máquina de Turing) que, en esencia, es equivalente a cada Compaq, Dell, Macintosh y Cray del mundo moderno. El artículo de Turing que describía su máquina, "Sobre los números computables", es debidamente celebrado como el documento fundador de la informática.

"Computar," dice Turing,

es hecho normalmente escribiendo ciertos símbolos en un papel. Podemos suponer este papel dividido en cuadrados como un libro infantil de aritmética. En la aritmética elemental el carácter bidimensional del papel es algunas veces útil. Pero tal uso es siempre evitable, y pienso que se estará de acuerdo en que el carácter bidimensional del papel no es indispensable en la computación. Asumo entonces que la computación se lleva a cabo en un papel unidimensional, en una cinta dividida en cuadrados."

Turing continúa explicando su máquina utilizando ingeniosos razonamientos desde los primeros principios. La cinta, dice Turing, se extiendo infinitamente en ambas direcciones, para que la máquina teórica no esté restringida por limitaciones físicas de recursos. Además, hay un símbolo escrito en cada cuadrado de la cinta, como el `1’ y el `0’ en la memoria de los ordenadores modernos. Pero ¿cómo son manipulados los símbolos? Bueno, hay un `cabezal’ moviéndose adelante y atrás a lo largo de la cinta, examinando un cuadrado de cada vez, escribiendo y borrando símbolos de acuerdo a reglas definidas. Las reglas están en el programa del cabezal: cámbialos, y cambiarás lo que hace el cabezal.

La augusta perspicacia de Turing fue que podemos programar el cabezal para llevar a cabo cualquier computación. Las máquinas de Turing pueden sumar, multiplicar, extraer raíces cúbicas, ordenar, buscar, comprobar la ortografía, analizar, jugar al tres en raya, listar la sucesión de Ackermann... Si representamos la entrada de datos por el teclado, la salida de datos por la pantalla, y demás como símbolos en la cinta, incluso podríamos ejecutar Windows en una máquina de Turing. Pero hay un problema. Dispón un cabezal sobre una secuencia de símbolos, y eventualmente podría parar, o podría ejecutarse para siempre... como el legendario programador que se queda atrancado en la ducha porque las instrucciones del bote de champú dicen "enjabonar, enjuagar, repetir". Si la máquina va a funcionar por siempre, estaría bien saberlo de antemano, para que no gastemos una eternidad esperando que acabe. Pero ¿cómo podemos determinar, en una cantidad de tiempo finita, si algo va a continuar indefinidamente? Si apuestas con un amigo que tu reloj nunca parará de hacer tic-tac, ¿cuándo declararás victoria? Pero quizá haya algún ingenioso programa que pueda examinar a otros programas y decirnos, infaliblemente, si pararán alguna vez de funcionar. No lo habíamos pensado todavía.

No hay. Turing probó que este problema, llamado el problema de la detención, es irresoluble por las máquinas de Turing. La demostración es un bello ejemplo de autoreferencia. Formaliza un viejo argumento sobre por qué nunca puedes tener una introspección perfecta: porque si pudieses, entonces podrías determinar qué estarías haciendo diez segundos después, y entonces hacer otra cosa distinta. Turing imaginó que hay una máquina especial que podría resolver el problema de la detención. Entonces mostró cómo podemos tener a esta máquina analizándose a sí misma, de tal forma que tiene que parar si se ejecutaría para siempre, y se ejecutaría para siempre si se para. Como un sabueso que finalmente se coge su cola y se devora a sí mismo, la mítica máquina se desvanece en una furia de contradicción. (Que es la clase de cosas que nunca dirías en un artículo de investigación.)

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02/03/2006 12:25 Autor: tiopetrus. #. Hay 1 comentario.

06/03/2006

¿Quién puede nombrar el mayor número? (5/8)

Viene de aquí

“Muy bien”, dices (o quizá dices “no muy bien”). “¿Pero qué tiene todo esto que ver con los grandes números?” ¡Ajá! La conexión no fue publicada hasta mayo de 1962. Entonces, en el Bell System Technical Journal, acurrucado entre artículos dispuestos pragmáticamente sobre “Estructuras multipuerto” y “Sellos de presión dirigidos por ondas”, aparecía el modestamente titulado “Sobre funciones no computables” por Tibor Rado. En este artículo, Rado presentaba los mayores números que nadie jamás había imaginado.

Su idea era simple. Como nosotros clasificamos las palabras según cuantas letras contengan, podemos clasificar las máquinas de Turing mediante cuántas reglas tienen en su cabezal. Algunas máquinas tienen sólo una regla, otras tienen dos reglas, todavía otras tienen tres reglas, y así sucesivamente. Pero por cada número entero fijo n, así como hay sólo un número finito de palabras con n letras, así también hay sólo un número finito de máquinas con n reglas. Entre estas máquinas, algunas pararán y otras funcionarán por siempre cuando comiencen con una cinta en blanco. De las que paran, pregunta Rado, ¿cuál es el máximo número de pasos que cualquier máquina hace antes de que pare? (Realmente, Rado preguntaba principalmente sobre el máximo número de símbolos que cualquier máquina puede escribir en la cinta antes de pararse. Pero el máximo número de pasos, que Rado llamaba S(n), tiene la mismas propiedades básicas y es más fácil razonar sobre él.)

Rado llamó a este máximo el n-ésimo número del “castor atareado”. (Ah sí, los tempranos 1960 eran una edad más inocente.) Él visualizó cada máquina de Turing como un castor bullendo ocupadamente a lo largo de la cinta, escribiendo y borrando símbolos. El desafío, entonces, es encontrar el castor más ocupado con exactamente n reglas, aunque no uno infinitamente ocupado. Podemos interpretar este desafío como la búsqueda del “más complicado” programa de ordenador de n bits de tamaño: el que hace la mayor cantidad de material, pero no una infinita cantidad.

Ahora, supón que conocemos el n-ésimo número del castor ocupado, que llamaremos B(n). Entonces podríamos decidir si cualquier máquina de Turing con n reglas se para partiendo una cinta en blanco. Sólo tenemos que ejecutar la máquina: si se para, bien; pero si no se para en B(n) pasos, entonces sabemos que nunca se parará, puesto que B(n) es el máximo número de pasos que podría hacer antes de parar. De igual manera, si sabes que todos los mortales murieron antes de cumplir 200 años, entonces si Sally vivió para cumplir 200, podrías concluir que Sally era inmortal. Así que ninguna máquina de Turing puede listar los números del castor atareado... porque si pudiese, podría resolver el problema de la detención, que ya sabemos que es imposible.

Pero hay un hecho curioso. Supón que podemos nombrar un número mayor que el n-ésimo castor atareado B(n). Llamémosle a este número d de dique, ya que como un dique de castor, es un techo para el castor atareado que está debajo. Con d en mano, computar el propio B(n) se vuelve fácil: sólo necesitamos simular todas las máquinas de Turing con n reglas. Las que no se hayan parado en d pasos (las que quiebran el tejado del dique) nunca pararán. Así que podemos listar exactamente qué máquinas paran, y entre ellas, el máximo número de pasos que cualquier máquina emplea antes de parar es B(n).

¿Conclusión? La secuencia de números del castor atareado, B(1), B(2), y sucesivos, crece más rápido que cualquier secuencia computable. Más rápido que los exponenciales, los exponenciales apilados, y la sucesión de Ackermann, ya que la nombras. Porque si una máquina de Turing pudiese computar una sucesión que crece más rápido que el castor atareado, entonces podríamos usar esa secuencia para obtener las d, el dique del castor. Y con esas d, se podría listar los números del castor atareado, lo cual (¿te suena familiar?) ya sabemos que es imposible. La sucesión del castor atareado es no computable, exclusivamente porque crece estupendamente rápido ...demasiado rápido para que cualquier ordenador pueda seguir con ella, incluso en principio.

Esto significa que ningún programa de ordenador puede listar todos los castores atareados uno por uno. Esto no significa que castores atareados específicos necesiten permanecer eternamente desconocidos. Y de hecho, fijarlos ha sido un pasatiempo de la informática desde que Rado publicó entonces su artículo. Es fácil verificar que B(1), el primer número del castor atareado, es 1. Eso es porque si una máquina de Turing de una regla no para después del primer paso, continuará moviéndose a lo largo de la cinta interminablemente. No hay lugar para cualquier otro comportamiento más complejo. Con dos reglas podemos hacer más, y un pequeño trabajo determinó que B(2) es 6. Seis pasos. ¿Y sobre el tercer castor atareado? En 1965 Rado, junto con Shen Lin, provó que B(3) es 21. La tarea fue ardua, requiriendo análisis humano de muchas máquinas para probar que no paraban... ya que, recuérdese, no hay algoritmo para listar los número del castor atareado. Después, en 1983, Allan Brady probó que B(4) es 107. ¿Poco impresionante hasta ahora? Bueno, como con la sucesión de Ackermann, no nos dejemos engañar por los primeros números.

En 1984, A. K. Dewdney, dedicó una columna de Scientific American a los castores atareados, los cuales inspiraron al matemático aficionado George Uhing a construir un dispositivo especial para simular las máquinas de Turing. El dispositivo, que le costó a Uhing menos de 100$, encontró una máquina de cinco reglas que ejecutaba 2 133 492 de pasos antes de parar... estableciendo que B(5) debe ser al menos tan grande. Entonces, en 1989, Heiner Marxen y Jürgen Buntrock descubrieron que B(5) es al menos 47 176 870. Hasta hoy, B(5) no ha sido fijado con precisión, y podría resultar ser todavía mucho mayor. Para B(6), Marxen y Buntrock establecieron otro récord en 1997 probando que es al menos 8 690 333 381 690 951. Una conclusión formidable, todavía Marxen, Buntrock, y los otros cazadores de castores atareados meramente vadean en las orillas de lo desconocido. La humanidad nunca podrá saber el valor de B(6) con certeza, dejemos en paz a B(7) o cualquier otro número mayor de la sucesión.

Verdaderamente, ya los primeros competidores de cinco y seis reglas nos eluden: no podemos explicar como `trabajan’ en términos humanos. Si la creatividad imbuye su diseño, no es porque los humanos la pusieran ahí. Una manera de entender esto es que incluso pequeñas máquinas de Turing pueden codificar profundos problemas matemáticos. Tomemos la conjetura de Goldbach, de que todo número par mayor o igual a 4 es la suma de dos números primos: 10=7+3, 18=13+5. La conjetura ha resistido demostración desde 1742. Todavía podríamos diseñar una máquina de Turing con, oh, digamos 100 reglas, que prueben cada número par para ver si es una suma de dos primos, y parase sólo si encuentra un contraejemplo a la conjetura. Entonces conociendo B(100), podríamos en principio ejecutar este máquina durante B(100) pasos, viendo si para, y así resolver la conjetura de Goldbach. No necesitamos aventurarnos lejos en la sucesión para entrar en la guarida del basilisco.

Pero como Rado acentúa, incluso si no podemos listar los números del castor atareado, ellos están perfectamente bien definidos matemáticamente. Si alguna vez retas a un amigo al desafío del mayor número, te sugiero que escribas algo como esto:

B(11111), suc. castor atareado, 1, 6, 21, etc.

Si tu amigo no conoce las máquinas de Turing o similares, pero sólo conoce, digamos, los números de Ackermann, entonces tú ganas el desafío. Tu incluso ganarías si concedes a tu amigo un handicap, y le permites todo el tiempo de existencia del universo para escribir su número. La clave al desafío del mayor número es un potente paradigma, y la teoría de Turing de computación es en verdad potente.

06/03/2006 13:03 Autor: tiopetrus. #. Hay 2 comentarios.

08/03/2006

Quién puede nombrar el mayor número? (6/8)

Viene de aquí

Pero ¿y si tu amigo también conoce las máquinas de Turing? ¿Hay un sistema notacional para grandes números más poderosos incluso que los castores atareados?

Supón que podemos dotar a una máquina de Turing con la habilidad mágica de resolver el problema de la detención. ¿Qué podríamos conseguir? Tendríamos una `super-máquina de Turing’: una con habilidades más allá de cualquier máquina ordinaria. Pero ahora, ¿cómo de difícil es decidir si una super-máquina se detiene? Hmm. Produce que incluso las super-máquinas no pueden resolver su `super-problema de la detención’, por la misma razón que las máquinas ordinarias no pueden resolver el problema ordinario de la detención. Para resolver el problema de la detención para las super-máquinas, necesitamos una máquina incluso más poderosa: una `super-hiper-máquina’. Y para resolver el problema de la detención para la super-hiper-máquina, necesitamos una `super-hiper-mega-máquina’. Y así sucesivamente sin fin. Esta jerarquía infinita fue formalizada por el lógico Stephen Kleene en 1943 (aunque él no usó el término `super-hiper-mega’).

Imagina una novela, la cual está encajada en una novela mayor, la cual está encajada en una novela incluso mayor, y así hasta el infinito. Dentro de cada novela, los personajes pueden debatir los méritos literarios de cualquier subnovela. Pero, por analogía con las categorías de máquinas que no pueden analizarse a sí mismas, los personajes nunca podrían criticar la novela en la que ellos mismos están. (Esto, pienso, hace mofa de nuestra experiencia ordinaria de las novelas.) Para entender completamente algo de la realidad, necesitamos salir de esa realidad. Esa es la esencia de la jerarquía de Kleene: que para resolver el problema de la detención para alguna categoría de máquinas, todavía necesitamos una categoría más poderosa de máquinas.

Y no hay escapatoria. Supón una máquina de Turing con una habilidad mágica de resolver el problema de la detención, y el super-problema de la detención, y el super-hiper-problema de la detención, y el super-hiper-mega-problema de la detención, y así sucesivamente sin fin. ¿Sin duda ésta será la reina de las máquinas de Turing? No realmente. Tan pronto como queramos decidir si una `reina de las máquinas de Turing’ para, necesitaremos una máquina todavía más poderosa: una `emperatriz de las máquinas de Turing’. Y la jerarquía de Kleene continúa.

Pero ¿cómo es esto relevante para los grandes números? Bueno, cada nivel de la jerarquía de Kleene genera una sucesión de castores atareados de crecimiento más rápido que todos los niveles previos. Verdaderamente, cada nivel de la sucesión crece tan rápidamente que sólo puede ser computada por una de mayor nivel. Por ejemplo, define B2(n) como el máximo número de pasos que una super-máquina con n reglas puede hacer antes de parar. Si esta super-sucesión de castores atareados fuese computable por super-máquinas, entonces esas máquinas podrían resolver el super-problema de la detención. Así que los super-números de los castores atareados crecen demasiado rápidamente para ser computados, incluso si pudiésemos computar los números ordinarios de los castores atareados.

Podrías pensar que ahora, en el desafío del mayor número, podrías borrar del mapa incluso a un oponente que usase la sucesión del castor atareado escribiendo algo como esto:

B2(11111)
Pero no realmente. El problema es que nunca he visto esos “castores atareados de mayor nivel” definidos en ningún lado, probablemente porque, para la gente que conoce la teoría de computabilidad, son una bastante obvia extensión de los números ordinarios del castor atareado. Así que nuestro razonable matemático moderno no sabría qué número estás nombrando. Si quieres usar los números del castor atareado de mayor nivel en el desafío del mayor número, aquí está lo que sugiero. Primero, publica un artículo formalizando el concepto en algún periódico oscuro de bajo prestigio. Entonces, durante el desafío, cita el artículo en tu tarjeta.

Para exceder los castores atareados de mayor nivel, necesitamos presumiblemente algún modelo informático superior incluso a las máquinas de Turing. No puedo imaginar a qué se parecería ese modelo. Todavía de algún modo dudo que la historia de los sistemas notacionales para los grandes números esté acabada. Quizá algún día los humanos seamos capaces de nombrar concisamente números que hagan parecer al castor atareado 100 tan pueril y divertidamente pequeño como nuestro ochenta y tres del noble. O si jamás nombramos tales números, quizás otras civilizaciones lo hagan. ¿Está en marcha un desafío del mayor número por toda la galaxia?

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08/03/2006 13:35 Autor: tiopetrus. #. No hay comentarios. Comentar.

09/03/2006

¿Quién puede nombrar el mayor número? (7/8)

Viene de aquí 

Podrías preguntarte porqué no podemos transcender el desfile completo de paradigmas, y nombrar números mediante un sistema que los abarque y aventaje a todos ellos. Supón que escribes lo siguiente en el desafío del mayor número:

El mayor número entero nombrable con 1000 letras.

Sin duda este número existe. Usando 1000 letras, podemos nombrar sólo una cantidad finita de números, y entre esos números tiene que haber un mayor. Y todavía no hemos hecho referencia a cómo se nombra el número. El texto podría invocar los números de Ackermann, o del castor atareado, o castores atareados de mayor nivel, o incluso un concepto todavía más radical que nadie pensó aún. Así que a menos que tu oponente utilice el mismo truco, le hemos dado una paliza. ¡Qué idea más brillante! ¿Porqué no lo pensamos antes?

Desafortunadamente esto no funciona. También podríamos haber escrito:

Uno más el mayor número entero nombrable con 1000 letras.

Este número necesita al menos 1001 letras para nombrarlo. ¡Pero lo hemos nombrado con sólo 47 letras! Como una serpiente que se traga a sí misma por entero, nuestro colosal número se disuelve en un tumulto de contradicción. ¿Qué queda?

La paradoja que acabo de describir fue primero publicada por Bertrand Russell, que la atribuyó a un bibliotecario llamado G. G. Berry. La paradoja de Berry surge no de las matemáticas, sino de la ambigüedad inherente del lenguaje. No hay manera segura de convertir una frase en el número que nombra (o para decidir si de todas formas nombra a un número), lo cual es por lo que yo invoqué a un "razonable matemático moderno" en las reglas del desafío del mayor número. Para burlar la paradoja de Berry, necesitamos nombrar números utilizando un sistema notacional matemático preciso, tal como las máquinas de Turing ...que es exactamente la idea detrás de la sucesión de los castores atareados. Así que en resumen, no hay ningún truco astuto del lenguaje con el que aventajar a Arquímes, Ackermann, Turing y Rado, ninguna escalera regia de grandes números.

También podrías preguntar porqué no podemos utilizar el infinito en el desafío. La respuesta es: por la misma razón por la que no podemos utilizar un coche-cohete en una carrera de bicicletas. El infinito es fascinante y elegante, pero no es un número entero. Tampoco podemos `restar al infinito’ para producir un número entero. Infinito menos 17 todavía es infinito, mientras que infinito menos infinito es indefinido: puede ser 0, 38, o incluso infinito de nuevo. Realmente debería hablar de infinitos, en plural. Durante el siglo diecinueve tardío, Georg Cantor probó que hay diferentes niveles de infinito: por ejemplo, el infinito de los puntos de una línea es mayor que el infinito de los números enteros. Lo que es más, así como no hay el número más grande, tampoco hay el infinito más grande. Pero la búsqueda de grandes infinitos es más abstrusa que la búsqueda de grandes números. Y envuelve, no una sucesión de paradigmas, sino esencialmente uno: el de Cantor

09/03/2006 18:51 Autor: tiopetrus. #. Hay 2 comentarios.

10/03/2006

¿Quién puede nombrar el mayor número? (8/8)

Termina aquí la serie de ocho post dedicados a la traducción que Jorge Alonso ha realizado para este blog del trabajo de  Scott Aaronson, 1999  con permiso expreso del autor . Espero que les haya gustado tanto como a mi. Muchas gracias, Jorge.

Viene de aquí

Así que aquí estamos, en la frontera del conocimiento de los grandes números. Como se supone que el discípulo de Euclides preguntó, "¿para qué sirve todo esto?" Hemos visto que el progreso en sistemas notacionales para grandes números es un espejo del progreso en reinos más amplios: matemáticas, lógica, informática. Y todavía, aunque un espejo refleja la realidad, no necesariamente la influencia. Incluso dentro de las matemáticas, los grandes números son a menudo considerados trivialidades, su estudio un entretenimiento ocioso sin implicaciones más amplias. Quiero argumentar una visión contraria: que el entendimiento de los grandes números es una clave para entender el mundo.

Imagina intentar explicar la máquina de Turing a Arquímedes. El genio de Siracusa escucha pacientemente como discutes sobre la cinta de papiro extendiéndose infinitamente en ambas direcciones, los pasos, estados, y entradas y salidas de secuencias. Por fin explota.

"¡Tonterías!" declara (o el antiguo equivalente griego). "Todo lo que me das es una elaborada definición, sin ningún valor fuera de sí misma."

¿Cómo responder? Arquímedes nunca ha oído hablar de los ordenadores, esos quisquillosos dispositivos que, veintitrés siglos después, llevan a cabo los asuntos del mundo. Así que no puedes reclamar aplicaciones prácticas. Ni puedes apelar a Hilbert y al programa de formalismo, ya que Arquímedes no ha oído hablar de ambos. Pero entonces caes en la cuenta: la sucesión del castor atareado. Defines la secuencia para Arquímedes, convenciéndolo que B(1000) es más que 1063 granos de arena llenando el universo, más incluso que 1063 elevado a su propia potencia 1063 veces. Le desafías a nombrar un número mayor sin invocar las máquinas de Turing o algún equivalente. Y así como él pondera este desafío, el poder del concepto de la máquina de Turing le ilumina. Aunque su intuición nunca podría aprehender los números del castor atareado, su razón lo compele a reconocer su inmensidad. Los grandes números tienen una forma de imbuir las nociones abstractas de realidad.

En verdad, uno podría definir la ciencia como el esfuerzo de la razón para compensar nuestra incapacidad para percibir grandes números. Si pudiésemos correr a 280 000 000 metros por segundo, no habría necesidad para una teoría especial de la relatividad: sería obvio para cualquiera que cuanto más rápido fuésemos, más pesados y achaparrados nos volveríamos, y más rápido pasa el tiempo en el resto del mundo. Si pudiésemos vivir durante 70 000 000 de años, no habría ninguna teoría de la evolución, y ciertamente ningún creacionismo: podríamos mirar la especiación y la adaptación con nuestros ojos, en lugar de reconstruir esmeradamente los eventos a partir de fósiles y ADN. Si pudiésemos hornear pan a 20 000 000 grados Kelvin, la fusión nuclear no sería el dominio esotérico de físicos sino el conocimiento familiar ordinario. Pero no podemos hacer ninguna de esas cosas, así que tenemos ciencia, para deducir sobre la gargantúa que nosotros, con nuestras facultades infinitesimales, jamás sentiremos. Si la gente teme a los grandes números, ¿es una sorpresa que también teman a la ciencia y giren al solaz de la confortable pequeñez del misticismo?

Pero ¿teme la gente a los grandes números? Ciertamente sí. He encontrado gente que no sabe la diferencia entre millón y mil millones (*), y no les preocupa. Jugamos una lotería con `¡seis formas de ganar!’, pasando por alto las veinte millones de formas de perder. Bostezamos a seis mil millones de toneladas de dióxido de carbono soltado en la atmósfera cada año, y hablamos de `desarrollo sostenible’ en las mandíbulas del crecimiento exponencial. Tales casos, me parece, transcienden la ignorancia aritmética y representan la poca disposición básica de agarrar lo inmenso.

Entonces ¿de dónde viene el encogerse de miedo ante los grandes números? ¿Tiene un origen biológico? En 1999, un grupo guiado por el neuropsicólogo Stanislas Dehaene reportó evidencia en Science de que dos sistemas separados del cerebro contribuyen al pensamiento matemático. El grupo entrenó a bilingües ruso-inglés en resolver un conjunto de problemas, incluyendo suma de dos dígitos, suma en base ocho, raíces cúbicas y logaritmos. Algunos sujetos fueron entrenados en ruso, otros en inglés. Cuando pidieron entonces a los sujetos resolver problemas aproximadamente (elegir la más próxima de dos estimaciones) lo hicieron igualmente bien en ambos lenguajes. Pero cuando les pidieron resolver problemas exactamente, lo hicieron mejor en el lenguaje de su entrenamiento. Lo que es más, las imágenes cerebrales mostraron que los lóbulos parietales de los sujetos, implicados en el razonamiento espacial, fueron más activos durante los problemas de cálculo aproximado; mientras que los lóbulos frontal inferior izquierdos, implicados en el razonamiento verbal, fueron más activos durante los problemas de cálculo exacto. Estudios de pacientes con lesiones cerebrales dibujan el mismo cuadro: aquellos con lesiones parietales algunas veces no pueden decidir si 9 está más próximo a 10 o a 5, pero recuerdan la tabla de multiplicación; mientras que aquellos con lesiones en el hemisferio izquierdo algunas veces no pueden decidir si 2+2 es 3 o 4, pero saben que la respuesta está más cerca de 3 que de 9. Dehaene et al. conjeturan que los humanos representamos los números de dos formas. Para cálculo aproximado usamos una `línea numérica mental’, que evolucionó hace mucho tiempo y que probablemente compartimos con otros animales. Pero para el cómputo exacto usamos símbolos numéricos, que evolucionaron recientemente y que, siendo dependientes del lenguaje, son únicos en los humanos. Esta hipótesis explica aseadamente los resultados del experimento: la razón de los sujetos se desempeñen mejor en el lenguaje de su entrenamiento para el cálculo pero no para problemas de aproximación, ya que lo primero invoca al lóbulo de orientación verbal frontal inferior izquierdo, y lo segundo al lóbulo parietal de orientación espacial.

Si la hipótesis de Dehaene et al. es correcta, entonces ¿qué representación utilizamos para los grandes números? Ciertamente la simbólica; para nadie la línea numérica mental puede ser larga suficiente para contener 99^9, 5 pentado a 5, o B(1000). Y aquí, sospecho, está el problema. Cuando pensamos sobre 3, 4 o 7, estamos guiados por nuestra intuición espacial, afilada en millones de años de percibir 3 gacelas, 4 compañeros o 7 miembros de un clan hostil. Pero cuando pensamos sobre B(1000), sólo contamos con el lenguaje, esa evolución neófita. Los caminos neurales usuales para representar números llevan a un callejón sin salida. Y esto, quizá, es por lo que la gente está temerosa de los grandes números.

¿Podría una intervención temprana mitigar nuestra fobia a los grandes números? ¿Qué pasaría si los profesores de matemáticas de segundo grado tomasen un hiato de una hora de su aburridas tareas para preguntar a sus estudiantes "cómo nombrarías un número muy, pero que muy grande"? Y entonces les contaría sobre los exponenciales y exponenciales apilados, la tretración y la sucesión de Ackermann, y quizá incluso los castores atareados: una cornucopia de números más vasta que cualquiera que ellos jamás concibieron, e ideas ensanchando los límites de su imaginación.

¿Quién puede nombrar el mayor número? Quienquiera que tenga el paradigma más profundo. ¿Estás listo? Prepárate. Ya.

(*) Entre million y billion en el original.

10/03/2006 09:54 Autor: tiopetrus. #. Hay 8 comentarios.

Nunca olvidaremos.

Mantendremos la memoria.

Los pueblos felices no tienen historia, pero el nuestro no es un pueblo feliz.

 

 

 

 

10/03/2006 13:41 Autor: tiopetrus. #. Hay 2 comentarios.

12/03/2006

Coherencia interna.

Dedicado a mi amigo Pedro V. L. Por haberme proporcionado la fuente de inspiración de esta serie de posts. Una vez más, gracias.

Una de las cosas que más satisfacción produce en la matemática es la sensación de que las cosas encajan, que son "como debieran ser". El mundo de los objetos matemáticos es coherente consigo mismo, de una forma parecida a lo que lo es el mundo de los objetos reales. No se puede demostrar una cosa y a los meses demostrar lo contrario, porque entonces algo estará equivocado en alguna parte.

A muchos profanos les extrañará saber que una vez que un teorema ha sido demostrado sigue siendo válido e interesante (y muy bien visto)  intentar demostrarlo por otras vías. Estas nuevas vías, al contrario de lo que sucede en el quehacer típico científico, no añaden certidumbre al resultado: un teorema bien demostrado es para siempre (mucho más que cualquier diamante), y no existirá revolución ni cambio de paradigma que lo haga tambalear.

Sin embargo, se considera extraordinariamente meritorio redemostrar un teorema por una vía nueva. ¿Por qué?

La respuesta no es unívoca, y tiene mucho que ver con la verdadera intención de la matemática: llegar a los más íntimos porqués de las cosas.

Toda demostración es incontrovertible si está bien hecha, pero algunas poco nos dicen sobre los porqués de lo que demuestran, como la actual para el Teorema de los cuatro colores. Hablábamos de ello hace dos años cuando repasábamos las diversas formas de demostración matemática. Una demostración espantosamente fea como la relatada aporta toda la evidencia necesaria (si está bien hecha) de la solución: cuatro colores son suficientes para colorear cualquier mapa. Pero ¿a quién puñetas le importa el número?

¿Algo cambia en nuestro conocimiento de las cosas si son cuatro y no siete los colores necesarios? Pues si la demostración es una demostración por verificación bien poco va a cambiar en nosotros. Tenemos un dato más, eso es todo. Sin embargo, otra demostración puede ayudarnos a encontrar porqués más profundos, quizás insospechados. Incluso puede que tendamos puentes entre ramas aparentemente alejadas de la matemática, adentrándonos en temas que están conceptualmente muy distantes de los de partida.

En todo caso, la sensación general cuando esto se produce es de que "el edificio esta bastante bien construido", porque las cosas encajan.

Iniciamos esta nueva andadura de Tio Petros con un intento de demostrar por múltiples vías un resultado que sabemos cierto de antemano. Cada nueva demostración nos llevará a una parcela matemática diferente, de forma bastante sorprendente acabaremos en terrenos que no parecen tener conexión con el tema original. La afirmación a demostrar es conocida por todos y no aporta novedad alguna, de manera que todo el interés del asunto está, no en el resultado sino en la forma de demostrarlo.

Se trata de la afirmación de que el número de naturales primos es infinito. Y comenzaremos con la archiconocida pero no por ello menos impresionante y pulcra demostración de Euclides. Lo haremos en el siguiente post.

Iniciamos por tanto una nueva etapa en TioPetros. Espero que les guste.

Continua aquí.

12/03/2006 20:49 Autor: tiopetrus. #. Hay 16 comentarios.

14/03/2006

La demostración de Euclides

Viene de aquí

Euclides descubrió, o la tradición nos dice que Euclides descubrió que existe una infinidad de números primos hace más de 2.200 años.

La demostración, no por conocida ad nauseam es menos bella, de modo que no nos la vamos a ahorrar aquí. La belleza de esta demostración depende en parte del hecho de utilizar exclusivamente argumentos finitistas para demostrar la infinitud por reducción al absurdo.

Esto es importante, porque el manejo del infinito es un paseo extremadamente problemático en el que mil peligros acechan por doquier. Por el contrario si utilizamos como hizo Euclides, argumentos exclusivamente finitistas, y no involucramos al infinito en momento alguno, conjuramos posibles malas utilizaciones de conceptos difíciles.

Lo que Euclides demuestra exactamente es que, dado un conjunto finito de números primos, siempre podremos encontrar un número primo que no pertenece a dicho conjunto.

Veamos la prueba y luego comentamos las implicaciones, es una prueba que amalgama perfectamente simplicidad, belleza y contundencia.

DEMOSTRACION

Primero Euclides asumió que la lista de números primos es finita .

Imaginemos una lista que contiene (todos) los primos: P1, P2, P3, ... Pn. Entonces se puede generar otro número Q (mucho mayor) tal que:

Q=(P1 x P2 x P3 x ... x Pn) + 1

Este nuevo número Q puede ser primo o no. Si es primo, ya tenemos un nuevo primo que no pertenece a la lista original, y por tanto esa lista no era completa. En el caso de que Q no sea primo, forzosamente tendrá que ser divisible por algún número primo que no puede ser uno de los de la lista, ya que al dividir Q por cualquiera de los primos de la lista siempre obtendremos 1 como resto. Por lo tanto, tiene que existir otro primo Pn+1

En cualquiera de los dos casos hemos encontrado un número primo que NO estaba en la lista original.

La consecuencia de todo esto es que no podemos tener un conjunto finito de primos que enbloge a todos ellos, y de esto se deduce la infinitud del conjunto de los números primos.

La demostración es directa, contundente y satisfactoria. No se necesita más, y cualquier otra demostración de este hecho no añadirá evidencia alguna a la infinitud de los primos, porque la demostración de Euclides (o cualquier otra alternativa) proporciona de una vez toda la evidencia necesaria. Aún así, seguiremos visitando demostraciones diferentes de este resultado, algunas sorprendentes. Lo haremos en próximos posts.

 

14/03/2006 08:53 Autor: tiopetrus. #. Hay 13 comentarios.

16/03/2006

Segunda demostración de la infinitud de primos (1)

Recordemos nuestro reto: demostrar de varias formas diferentes un mismo resultado: la infinitud del conjunto de números primos. Para la segunda demostración debemos adentrarnos un poquito en la teoría de grupos.

Un grupo no es sino un conjunto con una operación interna que cumple ciertas propiedades. La operación interna es, hablando en plata, una forma de relacionar cada par de elementos del grupo (a,b) con un elemento del grupo, c que también pertenece al grupo.

Dentro de una notación multiplicativa, escribiríamos a · b = c

Pues bien, para que un conjunto G sea un grupo hace falta que dicha operación cumpla un mínimo de tres propiedades, que son:

1.- Propiedad asociativa:

a · ( b · c ) = (a · b ) · c

2.- Existencia de elemento neutro , un elemento distinguido e del grupo que se caracteriza por que operado con cualquier otro elemento lo deja igual:

a · e = e · a = a


3.- Existencia de elemento simétrico para todo elemento del grupo:

Para todo a de G existe un b también de G tal que a · b = b · a = e

A tal elemento b lo llamaremos inverso de a, y podremos expresarlo así: b = a-1

Siempre que una operación interna en un conjunto verifique estas propiedades estamos ante un grupo. Parece mentira que con tan poca cosa exista una teoría (la teoría de grupos, evidentemente) tan rica e impresionante.

Verán que no hemos definido la propiedad conmutativa (aquello de que el orden de los factores no altera el producto). No lo hemos hecho porque la noción de grupo se definió sin tal operación. Los grupos que la cumplen se llaman grupos abelianos, o grupos conmutativos. Existe un buen motivo para no exigir que un grupo deba cumplir esta propiedad; y es que los que la cumplen son mucho menos interesantes matemáticamente hablando que los que no lo hacen. Así pues, los grupos abelianos son, dentro de la categoría de los grupos, los más triviales y tontorrones.

Pues bien, existen grupos de infinitos elementos (el grupo de los enteros con la operación suma por ejemplo), y otros finitos (el grupo de las clases de restos módulo p). Hablamos de estos en dos post hace más de un año, aquí:

En aquellos posts comentábamos el llamado Teorema de Lagrange, que dice que:

Dado un grupo G de orden n, si H es un subgrupo de G entonces el orden de H, o(H) es divisor de n

Recordemos que el orden de un grupo finito es, simplemente, su número de elementos. Así pues, para que un subconjunto de un grupo sea a su vez un grupo, es necesario (si bien NO ES SUFICIENTE) que su orden sea divisor del orden del grupo grande. Si tenemos un grupo de 8 elementos, puede ser esperable encontrar subgrupos de 1, 2 y 4 elementos, pero jamás de 3,5,ó 7.

¿Intentamos demostrarlo?

Sea G un grupo, y sea N un subgrupo suyo. Denotaremos /G/ al orden de G y (en un alarde de originalidad) /N/ al orden de N .

Consideremos una relación binaria entre los elementos del grupo G, diciendo que los elementos a y b estarán relacionadas sí y sólo si el elemento ab-1 pertenece al subgrupo N. No hace falta que a ó b sean de N, tan sólo hace falta que ab-1 lo sea. Para denotar que a está relacionado con b escribiremos a ≈ b

Es fácil comprobar que ésta es una relación de equivalencia. Esto es: que cumple la propiedad reflexiva, simétrica y transitiva.

En efecto,

a ≈ a, pues a · a-1 = e, y e debe pertenecer a T si éste último si quiere aspirar a ser grupo, porque debe poseer al elemento neutro. Luego todo elemento está relacionado consigo mismo y se cumple la propiedad reflexiva.

Por otro lado, a ≈ b implica que ab-1 pertenece a T, pero como T es un grupo su inverso (ab-1 )-1 =ba-1 también pertenererá a T, y por ello tendremos que b≈a; y se cumple la simétrica.

Para terminar, si a ≈ b y b ≈ c, entonces ab-1 y bc-1 pertenecen a T. Demostrar que a está necesariametne relacionado con c es sencillo de demostrar teniendo en cuenta que por ser T un grupo, el producto de ab-1 y bc-1 también pertenecerá a T, y (ab-1) ·( bc-1) = a · (b-1 · b) · c-1 = ac-1. Luego cumple la transitiva y hemos demostrado que efectivamente estamos ante una relación de equivalencia.

Pues bien, como sabemos, una relación de equivalencia hace cristalizar en el seno del conjunto en el que está definida una partición del mismo en clases de equivalencia. Dentro de cada clase, todos los elementos están relacionados entre sí.

¿Cómo son estas clases de equivalencia en nuestro caso?

Dado un elemento a de G, todos los elementos relacionados con él mediante la relación arriba definida son de la forma (b · a), siendo b cualquier elemento del subconjunto T. A riesgo de ser reiterativo:

Si un elemento x pertenece a la misma clase que uno dado a, entonces x puede expresarse siempre como la operación algún elemento del interior de T con el propio a. (Querido lector, no siga adelante sin entender esto; en este paseo no tenemos prisa alguna)

Demostrar esto es sencillo: que x y a estén relacionados implica que x · a-1 es igual a algún b de T por definición de la relación.

x · a-1 = b

x · a-1 · a = b · a

x · e = b · a

x = b ·a , como queríamos demostrar.

Estamos muy cerca del final: si la clase de equivalencia de cualquier elemento a del grupo G es el conjunto de los elementos de la forma b ·a, siendo b en elemento de T, entonces en cada clase habrá tantos elementos como en el propio T, y por lo tanto en número de elementos de todo G será múltiplo del número de elementos de T.

Con lo que el teorema queda demostrado.

Un tipo de grupos muy especiales son los llamados grupos cíclicos que son aquellos que se generan por uno sólo de sus elementos operado consigo mismo. Hablamos de ellos en los dos posts enlazados más arriba. Sería interesante un recuerdo de lo que decíamos entonces para entender en toda su profundidad lo que seguirá.

En estos grupos cíclicos, (y esto es importante para lo que seguirá) orden del grupo es el número de veces que un elemento se puede operar consigo mismo hasta conseguir el neutro.  A veces, se necesitan tantas veces como elementos tiene el grupo. Esto quiere decir que cada vez obtenemos un elemento diferente, y cuando llegamos al neutro hemos pasado por todos. En este caso, el grupo se denomina monógeno, porque es engendrado por uno sólo de sus elementos.

Un resultado es crucial para nuestros propósitos:

1.- El orden de un elemento es siempre divisor del orden del grupo entero. 

Esto es evidente en cuanto comprobamos que el conjunto de todos los engendrados por un elemento es un subgrupo, y aplicamos el teorema de Lagrange. 

P.S. Ahora podemos acometer la segunda demostración de infinitud de la cantidad de números primos. ¿Quién iba a decir que necesitaríamos nociones de teoría de grupos para hablar de primos?

Sigue aquí

16/03/2006 07:42 Autor: tiopetrus. #. Hay 20 comentarios.

21/03/2006

Segunda demostración de la infinitud de primos

Viene de aquí

Con el bagage que hemos conseguido en el post anterior, atacamos una segunda demostración de la infinitud de los números primos.

Supongamos lo contrario de lo que deseamos demostrar: Supongamos que el conjunto de primos es finito, siendo p el mayor de todos ellos.

Consideremos el número x = 2p -1.

Está claro que x es mayor que p, por lo que no podrá ser primo. Si lo fuera ya estaría demostrada la falsedad de nuestra suposición.

Así pues, x debe ser un número compuesto (esto es: tiene divisores distintos de sí mismo y de la unidad). Llamemos q a uno de sus divisores primos. Si q divide a 2p -1, (esto es: dividiendo 2p -1 entre q obtenemos resto nulo) entonces al dividir 2p ( que es una unidad más grande que 2p -1) entre q nos dará 1 de resto. Diremos que 2p en congruente con 1, módulo q, y lo expresaremos así:

2p ≡1 (mod q)

Las congruencias fueron introducidas en este blog cuando hablábamos del calendario. El lector interesado puede echar una ojeada a aquel post.

Centrémonos en el conjunto Zq de restos módulo q. Este conjunto está formado por q elementos, cada uno de los cuales es una clase de equivalencia. El [0] es el elemento nuetro de la suma definida en Zq, y el [1] lo es en el producto.

El conjunto de las clases Zq de restos módulo q con las operaciones suma y producto es un cuerpo, y por lo tanto el conjunto Zq -{0} con la operación producto es un grupo. Este grupo tiene (q-1) elementos.

Volvamos a la congruencia arriba indicada, cuya trascendentalidad en la demostración está indicada por el color rojo sangre con el que ha sido escrita:

2p ≡1 (mod q)

¿Qué quiere esto decir?

Pues traducido al lenguaje de las clases de restos módulo q quiere decir ni más ni menos que dentro de Zq el elemento [2] operado (multiplicado) consigo mismo p veces nos da como resultado el neutro del grupo (el [1]). Además, podemos asegurar (y esto es crucial), que no existe ningún valor menor que p para el cual ocurre lo mismo.

¿Porqué?

Pues porque p es primo! Piénsenlo un poco y lo verán claro:

Si hubiera un número menor, r para el cual ocurre que 2r ≡1 (mod q), si siguiéramos operando el 2 consigo mismo a la de 2r, 3r,...,kr veces volveríamos a la unidad, tras repetir órbitas de r pasos. Así pues, serían los múltiplos de r los que consiguen la unidad. Dada la vuelta al razonamiento, si 2p ≡1 (mod q); entonces sólo caben dos posibilidades:

1.- El orden (número mínimo de veces necesarias para obtener la unidad) del [2] es p

2.- El orden del [2] es un divisor de p

Al ser p primo, no tiene divisores, y por tanto operando sucesivamente el 2 consigo mismo no conseguimos el 1 hasta haber repetido p veces.

Por el Teorema de Lagrange, el orden (que, recordemos, es el número mínimo de veces que debemos operar dicho elemento consigo mismo para obtener el elemento neutro) de cualquier elemento (p en este caso) es divisor del orden del grupo entero (q-1).

Así pues, p debe dividir a (q-1)

Pero para que eso ocurra, p debe ser menor que q.

Pero p era, por suposición inicial el primo más grande.

Y q es un primo divisor de 2p -1.

Luego hemos encontrado un primo más grande que el primo más grande.

Luego p no puede ser el primo más grande.

Luego la hipótesis de partida era falsa necesariamente.

Luego el número de primos es infinito.

Espero que les haya gustado la demostración. En cierta medida es una demostración no elemental, pues necesita del auxilio de una parte de la matemática aparentemente alejada del tema central que se está tratando. Las demostraciones no elementales suelen ser más sencillas, pero requieren un precio: hay que utilizar herramientas más sofisticadas, y lo que uno se ahorra en el cálculo lo tiene que invertir en conocerlas. La matemática es una cruel amante, y exige sangre, sudor y lágrimas por un camino o por el otro...

En el próximo post veremos una demostración más elemental, pero también sorprendente de la infinitud de los números primos. Espero que me esperen...

21/03/2006 07:32 Autor: tiopetrus. #. Hay 11 comentarios.

22/03/2006

Tercera demostración de la infinitud de los números primos

Vamos a por la tercera forma diferente para demostrar la infinitud de los números primos. Esta vez recorreremos un sendero completamente diferente. Nos basaremos en los números de Fermat, tocando para ello otro de los tópicos más queridos de los amigos de la teoría de números.

Los números de Fermat son enteros que se expresan así:

Fn = 22n +1 ; n=0,1,2,...

Los primeros números de Fermat son: 3,5,17,257,65537,... y como es de esperar, crecen a un ritmo vertiginoso.

Demostraremos que dados dos números de Fermat Fm y Fn cualesquiera, ambos son siempre primos entre sí (lo que quiere no decir que ambos sean primos, sino que no tienen divisores comunes).Para hacerlo, demostraremos la siguiente relación de recurrencia (absolutamente inesperada y sorprendente, al menos para un mortal como quien esto escribe):

F0 · F1 · F2 · ... · Fn-1 = Fn - 2

 

Fíjense lo rápido que crecerá la progresión si cada término es tan sólo dos unidades menor que el producto de todos los anteriores!

Demostraremos esta barbaridad por inducción. Si recuerdan, hablamos claro y tendido de este tema aquí .

Para n=1 la cosa es trivial:

F0 = F1 -2 se demuestra cierto por simple comprobación de que F0 =3 y F1 = 5

Supongamos cierta para n-1, e intentemos demostrarlo para n, en cuyo caso la inducción estará completa.

FF1·F2·...·Fn = (FF1·F2·...·Fn-1 )· Fn = (Fn-2) · Fn =

=(22n +1 - 2 )·(22n +1) = (22n -1) · (22n +1) =

= (22n+1 - 1) = Fn+1 - 2

Con lo cual queda demostrada la recurrencia original FF1·F2·...·Fn-1 = Fn - 2

¿Cómo nos puede servir este resultado para nuestros propósitos? Debemos fijarnos que a la izquierda de la fórmula de recurrencia tenemos simplemente el producto de todos los números de Fermat menores que Fn , y a la derecha tenemos un número necesariamente impar. Efectivamente Fn - 2 = 22n +1 - 2 = 22n - 1, que es necesariamente impar.

Por lo tanto, todos los factores que componen los números de Fermat son impares.

Ahora, de la relación de recurrencia se sigue inmediatamente que ningún número de Fermat Fk es divisible por ninguno de los factores de los anteriores números de Fermat. Sólo podría ser divisible por el 2, pero hemos visto que todos ellos son impares, luego eso no se puede dar. Entender esto puede albergar algúna dificultad, pero es perfectamente salvable. Viendo la fórmula de recurrencia que ahora hemos demostrado cierta, un número de Fermat podría parecer divisible por dos (sabemos que no lo es por el razonamiento arriba indicado), preo si lo fuera, el número una vez dividido quedaría algo como así:

F0·F1·F2·...·Fn-1 + 2 = Fn

F0 · ... · Fi /2· ... · Fn-1 + 1 = Fn /2

Donde uno de los factores (el i-ésimo, el que era supuestamente par) ha sido dividido por 2. Ahora vemos que no podemos seguir dividiendo por ninguno de los factores restantes, porque siempre obtendremos un 1 de exceso como resto. De ello se deduce que, dados dos números de Fermat, o tienen el 2 como divisor común, o no tienen ninguno. dado que sabemos que son impares, queda aclarada la cuestión.

Así pues, cada número de Fermat aporta divisores primos nuevos a la lista, nunca aportados por sus antecesores, y como la lista de números de Fermat es infinita ( ¡hay un Fn para cada n natural!), se sigue que la de primos también lo es. Con esto termina la tercera demostración de infinitud de los primos.

Debemos constatar que en ningún sitio se ha dicho que los propios números de Fermat deben ser primos. Tan sólo nos basta que sean primos entre sí.

De hecho, Fermat conjeturó que todos los números naturales de la forma

F_{n} = 2^{2^n} + 1

con n natural eran primos, pero Euler probó que no era así en 1732. En efecto, al tomar n=5 se obtiene un número compuesto:

F_{5} = 2^{2^5} + 1 = 2^{32} + 1 = 4294967297 = 641 cdot 6700417 ;

4294967297 es el número más pequeño que siendo número de Fermat , no es primo.

A diferencia del segundo método del post anterior, que necesitaba ciertos conocimientos de teoría de grupos, éste es totalmente elemental en el sentido de que sólo necesita machacar números. Conviene recordar algo que hemos repetido hasta la saciedad en este blog: en matemáticas la palabra elemental y la palabra fácil son conceptos totalmente diferentes. De hecho, es muy habitual encontrarse con demostraciones elementales dificilísimas. Erdös era un maestro en este arduo campo...

 

 

 

22/03/2006 08:32 Autor: tiopetrus. #. Hay 16 comentarios.

24/03/2006

Cuarta demostración de la infinitud de los números primos (1)

Vamos dar otra vuelta de tuerca a las demostraciones de la infinitud de números primos. Esta vez utilizaremos herramientas más analíticas, sumergiéndonos en la teoría de series. Mucho hemos hablado de las series a lo largo de casi tres años de vida del blog, y en parte nos apoyaremos en lo dicho. A diferencia de la mayor parte de los posts de Tio Petros, éste requiere unos ciertos conocimientos previos: la suma de los infinitos términos de una serie geométrica, y el teorema de Taylor.

Se trata de demostrar algo incluso más fuerte que la infinitud de los números primos: la convergencia de la suma de sus inversos. (¿Porqué esta convergencia decimos que es más fuerte?)

La primera demostración de esta convergencia fue dada por Euler y es básicamente la que presentamos aquí.

Dado que la afirmación es mucho más fuerte que la mera finitud de los primos, será un poco más difícil, pero este es un paseo que podemos hacerlo hasta el final, si tienen la paciencia de acompañarme. 

En su día hablamos largo y tendido sobre la divergencia de la serie armónica aquí y aquí con la demostración que los Bernoulli ofrecieron de este importante resultado de teoría de series, y aquí dimos una demostración moderna y pormenorizada.

No es nada trivial el hecho de que la suma infinita de los inversos de los naturales (serie armónica) sea divergente. De hecho, la suma crece con desesperante lentitud. Sin embargo, podríamos preguntarnos, una vez sabido que diverge, qué cantidad de sumandos podríamos eliminar sin que cambiara la condición de serie divergente. La respuesta es paradójica: si mantenemos uno de cada n, por muy grande que sea n, la suma seguirá siendo infinita (¿comprende el lector el porqué?).

Así pues, debemos eliminar más elementos que todos excepto uno de cada n. Bastaría por ejemplo dejar tan sólo los de los puestos n2 -ésimos. Dejar sólo estos es dejar menos que uno de cada n, porque al tener una función cuadrática, se va volviendo mucho más "enrarecida" que cualquier función lineal.

¿Y si dejamos sólo los primos? Al fin y al cabo, los primos se hacen cada vez más raros, parecido a los n2 -ésimos números naturales. El resultado nada trivial es que la serie que queda al quitar todos los no primos sigue siendo divergente a infinito: la rareza de primos dentro de N es suficiente para dar la divergencia.

Nuestra próxima misión será demostrarlo.

Euler estaba trabajando con la función que muy posteriormente se llamaría función zeta de Reimann, que no es sino esta:

 

 

Tras su engañosa simplicidad se esconde el que fué catalogado como más complejo de los objetos matemáticos, antes de que los fractales y algunos otros conceptos más modernos le quitaran el honor. Aquí narramos en su día que hallar el valor de esta función para s=2 fué un logro sólo al alcance de una mente como la de Euler, y aquí contamos pormenorizadamente cómo lo consiguió.

Fué también el príncipe de los matemáticos el que descubrió una insospechada conexión entre la función zeta y los números primos, conexión que utilizó para demostrar, en un alarde de ingenio sin par que la serie de los inversos de los primos diverge.

La conexión encontrada es la siguiente:


 

Intentaremos a continuacón desmenuzar esta afirmación (pues de eso se trata: de una afirmación). Los miembros primero y segundo son simplemente la definición de la función zeta. El tercero es una definición alternativa. Mientras que en la definición original tenemos un sumatorio extendido a los números naturales, en el segundo tenemos un producto extendido sólo a los primos. ¿Cómo puede afirmarse que ambos términos son iguales? ¿Qué tipo de extraña sustitución algebráica hay que efectuar para pasar del dominio de los naturales al dominio de los primos?

No se trata de ningún manejo mecánico de álgebra, sino que es una finta genial. Para empezar, trabajemos un poco con el término tras el símbolo del producto. Tenemos :

 

Efectivamente, la fracción dada nos está diciendo el valor de la suma de una serie geométrica de primer término unidad y razón 1/ps. Así pues el producto infinito, si ya no tenía buena pinta, ahora la tiene peor:

 


 

cada uno de los infinitos productos es a su vez una suma infinita. Esta aparente complicación será la que, paradójicamente , ¡nos resolverá la cuestión!

Este producto infinito de sumas infinitas será igual a infinitos sumandos seguidos. ¿Cómo se forma  cada sumando? Pues tomando un término del primer paréntesis, otro del segundo, y así hasta el infinito y efectuando el producto. Elegir un término de cada paréntesis equivale a elegir un exponente para cada posible número primo, pues cada paréntesis se refiere al primo k-esimo, y cada término se refiere al exponente. Si no queremos ningún exponente para el k-ésimo primo elegiríamos el sumando unidad del paréntesis correspondiente. Así pues, obtenemos siempre una ristra de primos diferentes, cada uno de ellos elevado a un múltiplo negativo de s. En suma: obtenemos un número natural cualquiera elevado a -s. Dado que cada natural se expresa de una única forma como una combinación de primos con determinados exponentes, y cada combinación de primos con determinados exponentes expresa un único natural, concluimos sin necesidad de hacer más operaciones que la intuición de Euler debe ser necesariamente correcta, y que

 

 

Una pequeña sustitución algebráica nos dejará nuestra ecuación de la forma más conveniente para lo que viene después:

Quedando definitivamente:

 

 

Donde el producto recorre los primos y el sumatorio todos los naturales.

Tenemos todo el puzzle montado. Sólo falta la puntilla, y la daremos en el siguiente post. Pero eso será la semana que viene. Feliz fin de semana a todos los lectores de Tio Petros.

 

 

24/03/2006 07:32 Autor: tiopetrus. #. Hay 15 comentarios.

26/03/2006

Cuarta demostración de la infinitud de los números primos (2)

Viene de aquí_

Estamos intentando demostrar que los primos son infinitos en base a demostrar la divergencia de la suma de sus inversos, siguiendo los pasos del gran Euler. Lo estamos haciendo pasito a pasito,ocupando dos posts extensos donde estrictametne hablando sólo son necesarias unas pocas líneas. Lo hacemos con la esperanza de hacer asequible a más personas un paseo matemático de cierto nivel. Espero que el resultado sea provechoso.

Recordemos que en el post anterior habíamos llegado a la siguiente fórmula:

Tomamos logaritmos a ambos lados de la expresión anterior:

Ahora nos conviene sustituir la función log(1-x) por su desarrollo en serie de Taylor; donde x = 1/ps < 1/2.  Haciendo dicha sustitución y englobando los términos a partir del segundo en un resto R(1/ps) ≈ O(1/ps)2 obtenemos:

Hagamos s→1. El primer término del segundo miembro es el logaritmo de la serie armónica y por lo tanto es infinito. El segundo término está sin embargo acotado en virtud del orden cuadrático del resto, por lo tanto la suma total es infinita, y de ello deducimos que el primer miembro, que no es sino la suma de los recíprocos de los primos, también es infinita.
Evidentemente esto sólo puede ocurrir si el número de primos es a su vez infinito.


A modo de nota al margen, la posible convergencia de esta suma de recíprocos no hubiera demostrado la finitud de los primos, mientras que la implicación contraria está clara. Un caso de este estilo es el que ocurre con los primos gemelos, que son aquellos primos que distan dos unidades, como el 3 y el 5. Se sabe que la suma de sus recíprocos es convergente, pero aún se desconoce si existen infinitos de ellos. En su día hablamos de ello aquí

En los próximos días hablaremos de otra demostración de lo mismo (de momento la última). Esta es verdaderamente sorprendente, porque utiliza argumentos exclusivamente topológicos (¿Me lees, Lola?).

Al igual que ésta, la desmenuzaremos hasta el límite, necesitando para ello otros dos post. Espero que el paseo les resulte agradable.

26/03/2006 23:13 Autor: tiopetrus. #. Hay 7 comentarios.

28/03/2006

Demostración topológica de la infinidad de los primos (1) .

Esto fué para mi una enorme sorpresa. Debo decir que mi capacidad de sorpresa es grande, debido quizás a la vastedad de mi desconocimiento. Invocar a la topología para demostrar que son infinitos los números primos me parece un ejemplo exquisito de lo que perseguimos con esta serie de post y que venimos repitiendo desde el inicio de la serie: la sensación de que "todo cuadra", de coherencia interna de la matemática nos produce una sensación de plenitud.

EN 1.955 Harry Fürstenberg, un matemático de la Universidad Hebrea de Jerusalén sorprendió al mundo matemático con esta demostración topológica de la infinitud de los números primos.

El propósito de los dos posts siguientes es explicarlo todo de una forma pormenorizada. Recuerden que esto es un paseo, no una escalada. Cualquiera de las demostraciones aquí citadas cabe en dos renglones...pero este no es un blog para matemáticos, sino para paseantes, de modo que disminuiremos la pendiente a costa de alargar el recorrido.

Como ya saben, (y si no lo saben, consulten aquellos post de hace año y medio en los que hablábamos de topología), una topología sobre un conjunto parte de la consideración de ciertos subconjuntos como subconjuntos distinguidos. El motivo de la distinción es arbitrario mientras se cumplan tres propiedades que el desarrollo histórico de la matemática ha demostrado que eran las justas para conseguir lo que se pretendía.

Esas tres propiedades son:

1.- El conjunto vacío es un subconjunto distinguido.

2.- La intersección finita de subconjuntos distinguidos es un subconjunto distinguido

3.- La unión arbitraria de subconjuntos distinguidos es un subconjunto distinguido.

A estos conjuntos distinguidos se les llama abiertos, si bien podríamos haber seguido llamándolos distinguidos, topológicos o verdinegros; poco importa el nombre.

Aunque las nociones topológicas están íntimametne unidas a las nociones de continuidad, y éstas a las de los conjuntos continuos (en oposición a los discretos), podemos definir una topología sobre cualquier conjunto imaginable. Concretamente sobre el conjunto Z de los enteros. Hagámoslo.

Para cada par de enteros (a,b) de Z, definimos el conjunto

Za, b = {a + kb | k pertenece a Z}

Cada uno de estos conjuntos no es sino una sucesión de doble dirección (infinita hacia ambos lados), con un elemento igual a a, y a partir de él sumando y restando de b en b hacia +∞ y hacia -∞.

Pues bien; llamaremos abierto a un A subconjunto de Z si se dan alguna de estas dos circunstancias:

1.- A es el conjunto vacío

2.- Para cada a de A existe un b>0 tal que Za, b pertenece a A.

La segunda merece una pequeña reflexión: ¿qué quiere decir exactamente?

Veámoslo con un conjunto Za, b concreto, por ejemplo Z2, 7 .Tenemos que

Z2, 7 ={...,-12, -5, 2, 9,16, 23, 30, ...}

Tomando cualquier a número de Z2, 7, vemos que cualquier b múltiplo de 7 el que necesitamos para que Za, b esté incluido en Z2, 7. Así pues, todo conjunto de la forma Za, b es un abierto.

Si tuviéramos un subconjunto de Z formado por la unión de un número indeterminado de conjuntos del tipo Za, b entonces también se cumpliría la segunda propiedad, porque dado un ai de dicho conjunto, bastaría encontrar el valor de bi correspondiente según el conjunto Zai,bi .

Poco cuesta convencerse de que esta definición de conjuntos abiertos cumple las tres propiedades de los "conjuntos distinguidos" que mencionábamos más arriba. Por lo tanto, forman una topología sobre Z.

Llegados a este punto, debemos fijar nuestra atención en dos propiedades que cumplen los abiertos de esta topología:

1.- Todo abierto distinto del vacío es infinito.

2.- Todo abierto de la forma Za, b también es cerrado.

La primera es evidente dada la definición de abierto dada al principio. Para la segunda debemos apoyarnos en el hecho de que un Za, b no es sino el conjunto Z completo ¡al que se le han quitado los elementos sobrantes, y que dichos elementos sobrantes pueden expresarse como nuevos conjuntos de la forma Za, b . Lo vemos en la ilustración siguiente con un ejemplo, y luego generalizamos:

Dado que la unión de abiertos es un abierto, vemos claramente que todo Za, b es el complementario de un abierto, y por ello es un cerrado.

Si están preguntándose qué leches tiene que ver todo esto con la infinitud de los números primos, tendrán que esperar al siguiente post. Créanme: tenemos ya todos los ingredientes para hacerlo en dos renglones.

¿Me esperan?

28/03/2006 07:45 Autor: tiopetrus. #. Hay 23 comentarios.

29/03/2006

Demostración topológica de la infinitud de los primos (y 2)

Cumplamos con lo prometido en el post anterior.

Habíamos demostrado dos propiedades importantes en la topología en la que estábamos trabajando:

1.- Todo abierto no vacío es infinito

2.- Todo conjunto de la forma Za,b es cerrado, además de abierto.

Según esto, nada nos costará convencernos de que el conjunto formado por los puntos 1 y -1; B={-1,1} no puede ser abierto: es un conjunto finito (sólo tiene dos elementos), y todo abierto diferente del vacío es infinito según la propiedad 1.

Por otro lado, estos dos enteros (el -1 y el 1) son los únicos con los que nos quedaríamos si al conjunto Z le vamos quitando conjuntos de la forma Z0,p con p, primo mayor que la unidad. En efecto, cada Z0,p no es sino el conjunto de los múltiplos del primo p, con el cero incluido. Recorriendo todos los primos está claro que nos llevamos todo el Z excepto precisamente los dos puntos citados -1 y 1.


Ahora bien, todos los citados Z0,p son cerrados por la propiedad 2, y si efectuamos una suma finita de cerrados, seguimos teniendo un cerrado. La única forma de mantener la posibilidad de que {-1,1} no sea abierto es que la unión de todos los Z0,p no sea cerrada; y para que esto ocurra es necesario que la unión sea infinita. (Recordemos que la unión de infinitos cerrados sí puede ser abierta).

A riesgo de ser repetitivo, y para que se entienda bien, lo volvemos a explicar: si el conjunto de primos fuera finito, entonces la suma de todos los Z0,p sería un cerrado, y {-1,1}, por ser complementario de un cerrado, sería un abierto; en franca contradicción de la propiedad 1, que nos asegura que {-1,1} no puede ser abierto por ser finito diferente del vacío.

Luego el conjunto de los números primos es infinito.

Es sorprendente la manera que tienen los números primos de entrar en este discurso. En todo el post anterior no hicieron acto de presencia, y ahora , de un plumazo los tenemos encima. ¿No podríamos haber hecho lo mismo con conjuntos N0,p en los que p no fueran precisamente primos?

Algún lector se anima a responder a esta pregunta?

29/03/2006 16:38 Autor: tiopetrus. #. Hay 17 comentarios.

31/03/2006

Technorati

31/03/2006 16:48 Autor: tiopetrus. #. Hay 4 comentarios.


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